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Archive for the ‘Superación personal’ Category


Del trabajo a casa y de casa al trabajo. Esa es mi vida, una vida llena de rutina ó una rutina de vida, una vida llena de melancolía ó una melancólica vida, una vida repleta de tristeza ó una triste vida, una vida que no quiero, una vida que aburre, una vida que no es vida.

Y así, pasan las horas, pasan los días, pasa la vida.

Sin embargo no hago nada para remediarlo, para beber uno de esos brebajes que poco a poco me ayuden a convertirme en lo que siempre he sido, una persona llena de optimismo, con brillo en los ojos e ilusión en la mirada, con una sonrisa siempre apuntando en mis finos labios, con unas ganas enormes de abrazar al mundo que me rodea, admirando cualquier minúsculo detalle que siempre me ha hecho dar gracias por estar aquí.

¿Cómo hacer para rescatar a ese muchacho de 20 años que se comía el mundo, repleto de una curiosidad tan inquietante que me hacía cuestionarme cada minúsculo detalle por insignificante que fuera?

En el trabajo me refugio en mi ordenador,  me hago pequeño, tan pequeño que paso prácticamente desapercibido por el resto de mis compañeros, a excepción de mi jefe por supuesto.  Hago mi trabajo pero para mí ya no representa un desafío permanente como ocurría años atrás, es un trabajo relativamente cómodo que lo desempeño bien pero reconozco que no es brillante, ni creativo, ni innovador, ni revelador. Y sin embargo  sé que soy capaz o al menos he sido capaz de hacerlo mucho mejor, pero no puedo, me faltan ganas, me faltan fuerzas… me falta valor.

En mi casa languidezco, me refugio en mis adorados libros, los cuales leo hasta caer dormido bien entrada la noche y en la mayoría de las ocasiones entrado el día.

Mis amigos, las pocas veces que consiguen hablar conmigo, me preguntan que me pasa, yo les digo siempre que estoy bien, pero tanto el tono de mi voz como las ojeras ya decididas a instalarse bajo mis ojos desmienten mi vehemente y escueta respuesta.

¿Cómo he llegado a esta situación? poco a poco, el fracaso de un amor que yo creía verdadero, las ausencias irremediables de las personas más cercanas propiciadas por esta cruel vida y en menor medida amigos dejados en el camino y algún que otro fracaso profesional.

Lo sé, no soy el único, nos ocurre a todos. Y a mucha gente la vida le muestra con más arrogancia su lado más amargo, más duro, más cruel. Pero lo siento, no me sirve de consuelo, me he vuelto egoísta, egocéntrico, no me importan los demás, me he ido aislando voluntariamente de todos y de todo.

Son las 3 de la mañana, tengo sed, me levanto a beber un vaso de agua y me asomo a la ventana. La noche está repleta de estrellas, siempre me ha encantado observarlas con la esperanza de ver alguna estrella fugaz y volver a convertirme en ese niño de 10 años al que le hacía una extrema ilusión pedir deseos que siempre se cumplían por lo insignificante de los mismos (que mis abuelos me traigan un coche teledirigido, que mis padres me lleven a Disneyland, que Ana me dedique una mirada…  esas pequeñas cosas, no podía pedir otras porque no sabía lo que significaba el dolor, la soledad, en aquella época lo tenía todo). Recordando todos estos momentos, rezo por encontrarme esta noche con una estrella fugaz que me permita reconducir mi camino, tomar las riendas de mi vida… adueñarme de mi destino.

Y de repente, acaba de ocurrir, acabo de ver una, no lo dudo,  cierro los ojos, aprieto con fuerza mis manos y pido con desesperación mi deseo…

No sé si ha ocurrido de verdad, no sé si ha sido fruto de mi imaginación, no sé si he tenido un momento de lucidez, pero me agarro a este momento con un coraje renacido desde mi interior y lo decido en este momento, voy a tomar de nuevo, como en los viejos tiempos, el rumbo de mi vida, la voy a cambiar por completo.

¿Y cómo hacerlo?, lo primero de todo, las emociones negativas he de desecharlas, a partir de ahora no existen problemas, sólo soluciones, he de buscar alternativas, otros caminos. Recuerdo ahora aquellos seminarios de creatividad donde nos decían cómo potenciar nuestro lado más creativo: ir de casa al trabajo en diferentes rutas en coche, probar el transporte público, organizar reuniones en sitios diferentes y no en la aburrida sala de reuniones, ir a comer cada día con una persona diferente… siempre me han parecido chorradas, pero por qué no, voy a intentarlo, no para fomentar mi lado creativo pero sí para salir de esta rutina donde el hoy es igual que el ayer y el mañana es igual que el hoy.

Acto seguido, me miro al espejo y decido empezar por ese reflejo que muestra, pero… ¡ese soy yo! , que mal  me encuentro… no!!!, no me voy a regodear en mis ojeras, mis barbas, la inexpresión de mis ojos, ¡NO! me grito interiormente, tengo que cambiar de pensamientos, he de ser positivo, decido decir adiós a esa barba descuidada de tantos días, a esas gafas de pasta que me envejecen la cara, adiós a ese cabello que empieza a despuntar por mi cuello… y…¿dónde estaba aquella camisa que me regalaron hace meses de rayas?, ni la he estrenado, sigue allí medio envuelta en su bolsa de regalos. Voy a renovarme,  a renovar mi imagen, a renovar mi vestuario, a renovarme yo.

De momento, mañana, ¡qué digo! dentro de unas horas, iré al trabajo sin barba, con lentillas y con la camisa nueva de rayas, el cabello deberá esperar hasta el día siguiente. También llamaré a mis amigos para quedar con ellos, para salir, para charlar, para divertirme, para vivir.

Estoy nervioso, llego a la oficina, me pongo a trabajar con ganas, me asignan un nuevo proyecto en el que voy a darlo todo, voy a dejar mi huella, mejor dicho la voy a recuperar. Aviso a mis compañeros y a mi jefe que me voy a unir con ellos en la comida. Nadie me ha dicho nada aún sobre mi cambio, al menos físico,  pero cuando estamos sentados me dicen, “Juan, nos alegramos de que hayas vuelto”.

No intercambiamos más palabras al respecto, pero lo sé, lo siento, lo percibo… voy por el buen camino.

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