Feeds:
Entradas
Comentarios

Me llamo Oso, soy un perro, concretamente soy mestizo, algún ascendente mío tuvo que ser un  Setter Irlandés porque tengo ciertos aires a los de esa familia, aunque soy menos altivo y menos arrogante, menos guapo también, todo hay que decirlo. Como ya os imaginareis, aspecto de Oso no tengo, pero mi querida Amita, me puso ese nombre en honor a su ex cuando éste por su cumpleaños fue a la perrera y me escogió de entre todos los perros que había. Me convirtió en su regalo de cumpleaños.  Yo todavía no me imaginaba cómo iba a cambiar mi destino y lo afortunado que iba a ser en mi nueva vida.

Pero bueno, no me voy a poner melancólico ahora. Prosigo mi historia. Afortunadamente, hace varios meses, mi Ama, tuvo un momento de lucidez y decidió poner fin a su relación con su Oso cavernícola (no yo, por supuesto). Tuve miedo que también se quisiera deshacer de mí por un doble motivo claro, por llamarme como llamaba a su ex (en sus momentos más íntimos y por qué no decirlo, también más ruidosos) y encima por ser un regalo de él.  Pero no, mis temores eran infundados.

Yo la verdad es que me alegré muchísimo cuando le dejó. No la trababa bien. Hacía lo que quería y no le daba ningún tipo de explicación. Un día se fue y volvió al mes siguiente sin avisar. Para mi Amita eso fue el colmo y cuando decidió volver, se lo dijo muy claro, todo había acabado entre ellos. Él se puso furioso y la gritó, pero allí estaba yo, le gruñí todo lo que pude y me alcé en dos patas, enseñándole mis dientes. Tenía ganas de acción con ese tipo. Le ladré “a mi Amita nadie le grita”, como parecía no darse por enterado, le volví a ladrar “aquí estoy yo para defenderla, te las tendrás que ver conmigo”. Finalmente, para mi gran pesar, no hubo ningún tipo de pelea, él se fue confirmando su condición de cobarde dando un portazo y nunca más volvimos a saber de él. Bien.

Durante las siguientes semanas, incluso meses, mi Amita estuvo muy  triste, muy deprimida, muy apagada. Pero ahí estaba yo siempre, a su lado, los perros sentimos los estados emocionales de nuestros amos.  Cada vez que llegaba a casa de su jornada de trabajo, la recibía haciéndole una auténtica fiesta, movía la cola incesantemente y daba vueltas en círculo para demostrarle lo feliz que me hacía tenerla en casa. Cuando me sacaba a pasear, me intentaba portar lo más correctamente posible y no me paraba en cada árbol para oler y poder identificar a los vecinos que habían decidido dejar su huella en cada uno de ellos, y eso, creedme es todo un sacrificio porque es uno de mis hobbies preferidos. Por las noches, me sentaba junto a ella en el sofá dándole mi calorcito y lamiéndole sus manos. Era mi manera de decirle que la quería, que toda ella era especial y que no se encontraba sola porque allí estaba yo.

Pero pasaban los días y mi Amita seguía triste, ausente. ¡No lo podía consentir!. Y es que cómo se complican las personas con las relaciones. Eso es lo bueno de los perros, no nos complicamos, flirteamos con la que nos deja y si lo conseguimos bien y si no ya habrá otra perrita que sucumba a nuestros encantos.  Complicaciones, cero.

Estábamos paseando una de nuestras tardes, cuando de repente me vino una ráfaga de olor sublime que obnubiló todos mis sentidos, mi corazón se encogió, hice fuerza haciendo que mi Amita se encaminara hacia esa dirección. Y es que como odio la correa, no la soporto. Mi Amita casi siempre me lleva suelto pero en determinados momentos, normalmente cuando hay mucha gente, me lleva con la correa. No por miedo a que me escape, yo nunca lo haría, es más por las quejas de la gente. Sea como fuere, ése era precisamente uno de esos dichosos momentos que me impedían presentarme ante la portadora de ese sublime olor en ese mismo instante. Tenía que dirigir a mi Amita para que me llevara hacia allí. Me senté, la miré, ladré mientras giraba la cabeza en dirección hacia donde quería ir, moví la cola y le dio un lametazo en la mano. Mi Amita me entendió perfectamente, y sonriendo me dijo “Está bien Oso, vamos para allá”. Es un sol, no sé qué haría sin ella.

Cuando llegamos allí, la descubrí, una auténtica Boyero de Berna, un poco grande para mí, la verdad, pero… ¡que olor desprendía!, era una mezcla de coco y piña, como el olor de mi champú preferido. Se encontraba atada a un árbol, así que primero me acerqué, en vista que no me ladró, me acerqué más con el objeto de saludarla y ¿por qué no?, cortejarla un poco.

Estábamos los dos en pleno proceso de conocernos, de medirnos, cuando llegó su Amo, un tipo alto, le dijo “¿Haciendo amigos Jara?”… Jara… así se llamaba mi flechazo, “Mira lo que te he comprado, tus galletas preferidas”, Jará ladró eufórica, su Amo le dió una galleta y muy amablemente, se acercó a mí, me acarició la cabeza y me tendió otra galleta, por cierto ¡sabrosísima!.  Me gustó este tipo de inmediato, voz firme sin ser autoritaria, seguro a la para que cercano, ojos llenos de curiosidad, sonrisa franca y sincera.

Yo ya me estaba haciendo ilusiones, ese tipo era para mi Amita, ya me veía yo viviendo todos en casa en plan los “Los 101 Dálmatas”. Sé de qué va este cuento porque se lo oigo contar a mi Amita cuando está con su sobrino de 2 años, un auténtico terrorista por cierto, pero que le encantan los animales y lo más importante, le encanto yo. Prosigo que me enredo yo solito,  ya estaba empezando a soñar, cuando llegaron dos niños que dijeron “Papito, papito, ya estamos aquí ”, venían acompañados de una chica muy guapa que debía ser su madre. Oh… mis sueños se vinieron abajo en un momento… pero bueno que se le va a hacer… no se puede estropear una familia que a simple vista parecía sencillamente perfecta.

Me despedí de Jara, y seguimos el paseo. Fue en ese momento cuando mi Amita me dijo, ¿sabes Oso?, esa familia me ha parecido idílica, al principio he sentido mucha envidia, tenía lo que he siempre he soñado: una familia con todos sus componentes (pareja, hijos y perro). Pareja sinónimo de PASIÓN, hijos de AMOR INCONDICIONAL y perro de FIDELIDAD. Pero luego, me he puesto a reflexionar ¿y sabes a qué conclusión he llegado?, que la felicidad no depende de otros, depende de ti mismo, de valorar lo que tienes y no estar siempre buscando lo que no tienes, que la felicidad reside en una sonrisa que alguien te ofrece, una mano que alguien te tiende, una cerveza con tus amigos, un buen libro, una puesta de sol, una canción, una ayuda que das sin necesidad de que la pidan, una lucha de bolas de nieve, un paseo contigo, en cosas simples, sencillas… y además lo más importante, no estoy sola, te tengo a ti, que además de serme FIEL, me cuidas todas las noches con un AMOR INCONDICIONAL y cuando llego a casa me recibes con auténtica PASIÓN. Nunca te lo he dicho, pero MUCHAS GRACIAS OSO por estar ahí.

¿Veis que afortunado soy?

Mariana


Allí estaba ella, sentada en la mecedora de su humilde cuarto alumbrado con tan sólo la luz de las farolas que alumbraban la calle. Se encontraba sola, desorientada y terriblemente perdida mientras vagabundeaba por sus más profundos pensamientos ¿qué voy a hacer ahora?, ¿qué va a ser de nosotros?, ¿cómo vamos a salir adelante?…

Miró a su lado y su cuerpo se estremeció mientras contemplaba como dormían sus pequeños hermanos, por ellos tenía que afrontar la situación y salir adelante,  así se lo había prometido a su madre en sus últimos momentos hace ya casi dos meses, pero ¿cómo hacerlo?, apenas había cumplido los 18 años y hasta ahora había estado siempre bajo la protección de sus padres que se habían desvivido para dar a sus hijos la herencia más importante, una educación y una formación que les convirtiera en personas cualificadas con un gran porvenir, el que nunca habían tenido ellos. Primero su padre hace escasamente un año y ahora su madre…

Tenía que encontrar un trabajo urgentemente. Eran tiempos difíciles, el país se encontraba en plena crisis económica y la situación política era muy inestable. Cada día la cifra de parados aumentaba. Gente desahuciada, viviendo en la calle, grandes colas en los centros de ayuda, hambre, lloros… ese era el día a día de las calles  de Madrid a principios de 1974. Como siempre, la crisis repercutía con una fuerza implacable sobre la clase social más baja.

Mariana, que así se llamaba nuestra protagonista, había empezado ese año la universidad, quería ser profesora, contaba con una gran paciencia a la par que dulzura que hacía que no se le resistiera ningún niño. Además era una persona soñadora, decidida, no conformista y atrevida. Cualidades que habían parecido evaporarse desde el fallecimiento de sus queridos padres.

Allí estaba ella, una fría mañana del 24 de Enero de 1974, en la antesala de uno de los colegios de más renombre de la ciudad. Los nervios le encogían el estómago, era una oportunidad muy buena y ella lo sabía. Había leído en el periódico que ese colegio necesitaba una auxiliar que ayudara a los profesores con los más pequeños. En la desesperación por conseguir ese empleo, de repente, una fuerza interior hasta ahora sumergida en lo más profundo de su ser reapareció para darle el valor y coraje suficiente para conseguir ese empleo. Y así fue.

Su vida empezó a ser más estable, no ganaba mucho pero lo suficiente para poder vivir. Por el día trabajaba hasta las 5 de la tarde, después cuidaba a sus hermanos  y por la noche continuaba con sus estudios en la universidad.

En el colegio pronto destacó, los niños la adoraban, hasta los más traviesos y revoltosos se calmaban ante su presencia. Poco a poco, la directora y el resto de profesores la empezaron no sólo a respetar sino a admirar su talento.

Mariana, se sentía a gusto trabajando en el colegio. Su carácter inconformista hizo mecha en ella y empezó a estudiar a todos sus colegas (su modo de trabajar, sus cualidades),  a los padres de los niños (sus horarios de trabajo, su comportamiento, su nacionalidad) y a los niños (su carácter, su forma de ser).

Su mente trabajaba continuamente, las ideas fluían por su cabeza, y un día mientras compartía un café con la directora, Mariana le contó todas esas ideas, ideas innovadoras y creativas que supondrían evolucionar el colegio: introducir idiomas adicionales al inglés y francés, clases para fomentar habilidades sociales en los niños desarrollando determinadas competencias, servicios de psicoterapia infantil, de guardería en el propio colegio en horas extraescolares, eran tantas las ideas y tan innovadoras…

A la directora le gustaron  y como buena líder que era convocó a su equipo tras sopesar todo este afluente de ideas. Entre ella y Mariana les explicaron con una gran ilusión el posible nuevo proyecto involucrándoles desde su fase más temprana. El equipo se contagió de su entusiasmo y se sintió implicado por haberle hecho partícipe. Empezaron a aportar nuevas ideas y a mostrarse voluntarios para hacer determinadas tareas: (Elizabeth) “mi madre es alemana por lo que hablo alemán perfectamente, puedo dar las clases en este idioma”, (Juan)  “podríamos llegar a acuerdos con colegios de otros países y hacer intercambios de alumnos”, (Ana) “no me importa cambiar mi horario y salir dos horas más tarde y así poder quedarme con los niños hasta que sus padres vengan a recogerlos”.

Y así, poco a poco, con las ideas de todos dieron forma a un nuevo concepto de colegio, el colegio que cubre todas las necesidades de los padres focalizándose en el desarrollo y la formación de los niños.  Nunca lo hubieran conseguido sin la ayuda de todos y cada uno de ellos. Y así fue como Mariana, aprendió algo muy importante: el valor de las personas y lo enriquecedor que supone trabajar en equipo. Y este principio lo tuvo muy presente a lo largo de su vida.

Éste fue el principio de una carrera brillante para Mariana. Mariana serviría de ejemplo para muchas personas y especialmente sus hermanos. Y sus padres desde el cielo se sentirían muy orgullosos de ella.


Se encontraba encendiendo el quinto cigarrillo de esa mañana y tan sólo eran las 11. No podía más. El cansancio de pasar noches y noches desvelado le recorría todo el cuerpo, la angustia le oprimía el pecho y el miedo a no saber lo que iba a pasar mañana le sumergía en un estado de nervios reflejándose en el temblor de su mano al sujetar el cigarro. Se aflojó inconscientemente el nudo de la corbata mientras cerraba la puerta de su despacho para que nadie le molestara. Había decidido sumergirse en sus pensamientos más tormentosos mientras se fumaba ese quinto cigarrillo.

“Si tan sólo su vida personal  le fuera bien, ¿por qué su mujer no le entendía?, estaban al borde del abismo, la había querido tanto, no,  mejor dicho, la había amado, la había adorado. Se habían complementado bien, ella había sido todo dulzura, alegría, era más indecisa, más conciliadora y él más seguro, más decidido y más protector.  Ella había sido su reina desde que se conocieron, habían compartido tantas cosas, con tanta ilusión, con tanta pasión, superando todas las barreras que surgieron a lo largo de su historia, creían que su relación era especial, inquebrantable, duradera y se sentían tan afortunados de tenerse el uno al otro… y sin embargo, desde hace unos años su relación se había ido deteriorando lentamente, despacio, hasta llegar a unos cimientos frágiles, cada vez más erosionados, hasta tal punto que era imposible volver a construir nada sobre ellos. Su dulzura cada vez tenía connotaciones más amargas, cada vez salían más quejas de su boca, era menos conciliadora,  y él se volvió cada vez más autoritario, más inflexible, más frío, más distante. Aun así, habían intentado innumerables veces recuperar ese fuego que una vez habían tenido, él había querido volver a construir ese añorado hogar junto a ella y ella también lo había deseado. Pero por mucho que lo intentaban, fracasaban constantemente. A sus ojos toda la culpa era de ella, él había hecho lo correcto en todo momento. Había llegado a un punto en que lo único que le importaba era él mismo, ella era secundaria…”

Estaba sumergido en estos pensamientos, cuando se dió cuenta de que el cigarrillo había llegado a su fin. Mientras lo apagaba decidió volver a su otra guerra, la de su trabajo, perdían clientes, no llegaban a los objetivos, las pérdidas eran cada vez mayores… y para colmo acababa de leer un mail de uno de sus clientes más importantes, se iba y no por la habitual reducción de costes con las que se enfrentaban las compañías en esta época de crisis desenfrenada, no, había sido por un fallo en uno de los trabajos que les habían encargado. Un fallo sumamente importante que conllevaba la pérdida de 59.000€.

Levantó el teléfono y llamó a Natalia para que fuera a su despacho inmediatamente.

–          “¿Qué ha pasado con este cliente?” “Acaba de enviar un mail, dice que se va. Ha habido una cagada que le ha supuesto una pérdida de 59.000€. Este cliente es tuyo ¿verdad?”

–          “Sí, pero…”

–          “Pero nada, ¿cómo tengo que decir las cosas?. Tienes que poner los siete sentidos, revisarlo todo al menos tres veces. Y ahora ¿cómo lo solucionamos?, ¿lo pagas tú con tu sueldo?. Es que lo tengo que hacer yo todo, esto es desesperante, me va a dar algo y toda la culpa la tienes tú.”

–          “Yo…”

–          “Mira, ni me hables. Vete a tu sitio y limítate a hacer exactamente lo que yo te digo. Déjate de improvisar. Yo soy el que mando y las cosas se tienen que hacer a mi manera, no a la tuya”. Ahora por favor, retírate de mi vista.

En cuanto salió Natalia de su despacho, él se reafirmó en su actitud. Ese era su día a día. Todos las personas que formaban su equipo no valían para nada y si él no estaba todo se derrumbaba. Les tenía que tratar así, con dureza, con firmeza, con mucha autoridad para que todo funcionara y aun así no conseguía que fuera bien… ¿cómo tenía que decir las cosas? … ¿tenía que ser más implacable?…  ¿más aún?…

Llegaron las vacaciones de verano, tenía tal estrés acumulado, que decidió darse un retiro espiritual de un par de meses para hacer una especie de recapitulación de su vida. En esos días se vio a sí mismo como un guerrero combatiendo contra todos, no importaba lo que le dijeran, él ya estaba con la espada preparada para atacar y la fuerza y valor suficiente para ganar. No le hacía falta ni escudo porque se había construido inconscientemente su propia armadura, una armadura infranqueable. Luchar, combatir, ganar…  era eso en lo que estaba convirtiendo su vida.

Según pasaban los días, le surgían dudas, cada día estas dudas adquirían mayores dimensiones. Quizá se había pasado, quizá parte del problema venía de él, quizá se había desmedido con la gente que tenía alrededor, quizá tenía que cambiar de actitud, quizá tenía que tener una conducta menos autoritaria, quizá… eran tantos quizás…

Con su equipo, estaba claro que ese liderazgo no funcionaba, a pesar de los enfados, los gritos y las órdenes, la gente no respondía, no tenía iniciativa, no se comprometía con el trabajo. Intentaría suavizar sus formas, crear un ambiente de trabajo más afable, escucharlos, ser más asertivo, preguntar sus opiniones,  delegar más y sobre todo confiar más, en dos palabras intentaría crear equipo y él, sin lugar a dudas, tendría que dar ejemplo.

Con respecto a su vida personal, ahora se daba cuenta que su mujer no era la culpable de todo. Ella que no le había reprochado prácticamente nada, ella que le había dado libertad, ella que se había esforzado por quererle, ella que le había dado tantas oportunidades, ella, ella, ella… De repente, la entendió, la extrañó, la añoró. Ahora lo tenía claro, sabía lo que quería, la quería a ella, decidió que a su debido tiempo la iba a intentar conquistar de nuevo… había estado tan ciego… ¿sería tarde?… había leído en algún sitio de Internet que el amor son lazos, no nudos. Esa definición le había gustado y estaba decidido a ir sustituyendo poco a poco, sin presión, sin prisa, cada uno de los  nudos en los que se había convertido su relación por lazos, lazos resultantes del amor y del respeto que la profesaba … tal vez lo consiguiera o tal vez no, pero desde luego tenía claro que iba a intentarlo.

 

 


Del trabajo a casa y de casa al trabajo. Esa es mi vida, una vida llena de rutina ó una rutina de vida, una vida llena de melancolía ó una melancólica vida, una vida repleta de tristeza ó una triste vida, una vida que no quiero, una vida que aburre, una vida que no es vida.

Y así, pasan las horas, pasan los días, pasa la vida.

Sin embargo no hago nada para remediarlo, para beber uno de esos brebajes que poco a poco me ayuden a convertirme en lo que siempre he sido, una persona llena de optimismo, con brillo en los ojos e ilusión en la mirada, con una sonrisa siempre apuntando en mis finos labios, con unas ganas enormes de abrazar al mundo que me rodea, admirando cualquier minúsculo detalle que siempre me ha hecho dar gracias por estar aquí.

¿Cómo hacer para rescatar a ese muchacho de 20 años que se comía el mundo, repleto de una curiosidad tan inquietante que me hacía cuestionarme cada minúsculo detalle por insignificante que fuera?

En el trabajo me refugio en mi ordenador,  me hago pequeño, tan pequeño que paso prácticamente desapercibido por el resto de mis compañeros, a excepción de mi jefe por supuesto.  Hago mi trabajo pero para mí ya no representa un desafío permanente como ocurría años atrás, es un trabajo relativamente cómodo que lo desempeño bien pero reconozco que no es brillante, ni creativo, ni innovador, ni revelador. Y sin embargo  sé que soy capaz o al menos he sido capaz de hacerlo mucho mejor, pero no puedo, me faltan ganas, me faltan fuerzas… me falta valor.

En mi casa languidezco, me refugio en mis adorados libros, los cuales leo hasta caer dormido bien entrada la noche y en la mayoría de las ocasiones entrado el día.

Mis amigos, las pocas veces que consiguen hablar conmigo, me preguntan que me pasa, yo les digo siempre que estoy bien, pero tanto el tono de mi voz como las ojeras ya decididas a instalarse bajo mis ojos desmienten mi vehemente y escueta respuesta.

¿Cómo he llegado a esta situación? poco a poco, el fracaso de un amor que yo creía verdadero, las ausencias irremediables de las personas más cercanas propiciadas por esta cruel vida y en menor medida amigos dejados en el camino y algún que otro fracaso profesional.

Lo sé, no soy el único, nos ocurre a todos. Y a mucha gente la vida le muestra con más arrogancia su lado más amargo, más duro, más cruel. Pero lo siento, no me sirve de consuelo, me he vuelto egoísta, egocéntrico, no me importan los demás, me he ido aislando voluntariamente de todos y de todo.

Son las 3 de la mañana, tengo sed, me levanto a beber un vaso de agua y me asomo a la ventana. La noche está repleta de estrellas, siempre me ha encantado observarlas con la esperanza de ver alguna estrella fugaz y volver a convertirme en ese niño de 10 años al que le hacía una extrema ilusión pedir deseos que siempre se cumplían por lo insignificante de los mismos (que mis abuelos me traigan un coche teledirigido, que mis padres me lleven a Disneyland, que Ana me dedique una mirada…  esas pequeñas cosas, no podía pedir otras porque no sabía lo que significaba el dolor, la soledad, en aquella época lo tenía todo). Recordando todos estos momentos, rezo por encontrarme esta noche con una estrella fugaz que me permita reconducir mi camino, tomar las riendas de mi vida… adueñarme de mi destino.

Y de repente, acaba de ocurrir, acabo de ver una, no lo dudo,  cierro los ojos, aprieto con fuerza mis manos y pido con desesperación mi deseo…

No sé si ha ocurrido de verdad, no sé si ha sido fruto de mi imaginación, no sé si he tenido un momento de lucidez, pero me agarro a este momento con un coraje renacido desde mi interior y lo decido en este momento, voy a tomar de nuevo, como en los viejos tiempos, el rumbo de mi vida, la voy a cambiar por completo.

¿Y cómo hacerlo?, lo primero de todo, las emociones negativas he de desecharlas, a partir de ahora no existen problemas, sólo soluciones, he de buscar alternativas, otros caminos. Recuerdo ahora aquellos seminarios de creatividad donde nos decían cómo potenciar nuestro lado más creativo: ir de casa al trabajo en diferentes rutas en coche, probar el transporte público, organizar reuniones en sitios diferentes y no en la aburrida sala de reuniones, ir a comer cada día con una persona diferente… siempre me han parecido chorradas, pero por qué no, voy a intentarlo, no para fomentar mi lado creativo pero sí para salir de esta rutina donde el hoy es igual que el ayer y el mañana es igual que el hoy.

Acto seguido, me miro al espejo y decido empezar por ese reflejo que muestra, pero… ¡ese soy yo! , que mal  me encuentro… no!!!, no me voy a regodear en mis ojeras, mis barbas, la inexpresión de mis ojos, ¡NO! me grito interiormente, tengo que cambiar de pensamientos, he de ser positivo, decido decir adiós a esa barba descuidada de tantos días, a esas gafas de pasta que me envejecen la cara, adiós a ese cabello que empieza a despuntar por mi cuello… y…¿dónde estaba aquella camisa que me regalaron hace meses de rayas?, ni la he estrenado, sigue allí medio envuelta en su bolsa de regalos. Voy a renovarme,  a renovar mi imagen, a renovar mi vestuario, a renovarme yo.

De momento, mañana, ¡qué digo! dentro de unas horas, iré al trabajo sin barba, con lentillas y con la camisa nueva de rayas, el cabello deberá esperar hasta el día siguiente. También llamaré a mis amigos para quedar con ellos, para salir, para charlar, para divertirme, para vivir.

Estoy nervioso, llego a la oficina, me pongo a trabajar con ganas, me asignan un nuevo proyecto en el que voy a darlo todo, voy a dejar mi huella, mejor dicho la voy a recuperar. Aviso a mis compañeros y a mi jefe que me voy a unir con ellos en la comida. Nadie me ha dicho nada aún sobre mi cambio, al menos físico,  pero cuando estamos sentados me dicen, “Juan, nos alegramos de que hayas vuelto”.

No intercambiamos más palabras al respecto, pero lo sé, lo siento, lo percibo… voy por el buen camino.


Hace unas dos semanas participé en un concurso de relatos cortos que organizaba mi empresa para fomentar el talento literario entre sus empleados. El premio era un iPad, así que como os imaginareis ni me lo pensé, me animé a concursar inmediatamente. El relato corto debía tener como título “Una experiencia de equipo”. Podía ser una historia real o de ficción, centrado en contar una historia sobre personas que hacen equipo, bien en el ámbito personal o bien en el profesional.

Ésta ha sido la primera vez que escribo algo fruto de mi imaginación, hasta ahora como bien sabeis me he limitado a comentar noticias ya existentes dándoles eso sí un toque personal.

Puede que gane o puede que no, hasta finales de Octubre no lo sabré, pero lo que sí sé es que la experiencia me ha gustado tanto, que he pensado seguir en esta línea y, al menos por el momento, voy aventurarme a escribir relatos cortos. Mi intención es que sean mini cuentos que lleven una enseñanza que nos ayuden a reflexionar, ¿qué tipo de enseñanza?, la que me salga en ese momento, podrá ser a nivel personal (superación personal, asertividad, motivación, etc.) o a nivel profesional (liderazgo, gestión de la productividad, potenciar la creatividad, etc.) ó simplemente contaré una historia.

Desconozco que saldrá de todo ésto, así que os pido por adelantado paciencia. Lo que sí os prometo es que serán relatos escritos desde el alma, escritos desde el sentimiento y con una gran dosis de AMOR, porque el AMOR es el motor de la vida en sus inmumerables formas en las que se reviste.

Espero que os guste.

 


Este post no va de tecnología, ni de ciencia ficción ni de innovación. Va de los sentimientos, el amor, la lealtad, la fidelidad, valores imprescindibles y esenciales que deben permanecer siempre, ahora y en un futuro.

Con este post pretendo dar mi pequeño y más humilde homenaje a uno de mis grandes amores, mi pelucho, mi gran pastor alemán de pelo largo que irradiaba raza, arrogancia, vitalidad y fuerza por allá donde iba.

Con él he descubierto lo que significa la lealtad, la amistad, la nobleza y la devoción. Desde estas líneas te doy las gracias, Juris, por estos 5 años repletos de alegría que me has dado, por todo lo que me has enseñado y por todo lo que me has ayudado con tu incondicional compañía.

Millones de gracias por tus “besos”, por no dejarme sola y seguirme por todas las habitaciones, por estar siempre a mi lado, por aceptar al niño como lo hiciste, por tus miradas llenas de ternura, por tus adorables movimientos de orejas, por tus recibimientos llenos de alegría cuando llegaba a casa…en definitiva… por ser TÚ.

No estoy triste, bueno un poco sí, mejor dicho bastante, pero estoy tranquila y llena de recuerdos que nunca y digo bien NUNCA olvidaré: los paseos hasta Zielo, los palos,  las piñas,  los conguitos,  el parque del oeste,  la playa,  tus ladridos cuando salíamos de paseo,  cómo mordías la correa y caminabas todo digno, tus miradas cuando nos querías decir algo, como te gustaba ir detrás de los conejillos, como presentías cuando estaba malita y me dabas tus besos, cómo me has llenado de lametazos las dos veces que me he ido varios días de casa por trabajo, cómo nos despertabas los fines de semana (los presentías), cómo reaccionabas a un simple “vamos”, como te adelantabas a lo que íbamos a hacer, como has llegado a conocernos… tantas cosas… cuando estos recuerdos me vienen a la cabeza se me dibuja inconscientemente una sonrisa en mi boca ¿y sabes? es que me siento muy afortunada por haber podido disfrutar de ti todo este tiempo y eso es con lo que me quedo.

Has formado parte de mi vida en una etapa clave, cuando empecé a construir mi propia familia, y quiero que sepas que siempre serás parte de ella y siempre te recordaremos, te añoraremos, te adoraremos y te amaremos, seremos los 4 siempre Juris…

Y al igual que ocurría en El Principito, pensaré que habitas en una estrella y cuando mire al cielo vea cual vea, sabré que eres tú  y me sentiré dichosa porque sentiré tu compañía de nuevo y de nuevo se me dibujará una sonrisa en la boca.

También quiero darte a ti las gracias, Luismi, por ser insistente y traer a casa a Juris, por abrirme los ojos y enseñarme todo lo que una pequeña bola de peluche me podía dar y por haberme convertido en la “amita” del mejor de los perros del mundo.

Y ahora sólo me queda mirar al cielo y sentirte… serás siempre mi peluchito…



Tranquilo, no estás en el futuro, sigues estando en el 2011, eso sí con una nueva competencia, la posibilidad de mover objetos digitales simplemente con gestos corporales. De momento las imágenes de los objetos se encuentran en dispositivos físicos, principalmente la TV, pero seguro que dentro de nada llegarán las representaciones holográficas al estilo puro de Minority Report.

Y todo gracias alimpresionante periférico que ha creado Microsoft, Kinect. El futuro de Kinect no es el dispositivo en sí, sino el concepto de que tu cuerpo sea el control del movimiento de los aparatos. Son muchos los usos que se le están dando a Kinect, los que me parecen más destacables son:

  • Es capaz de utilizar Windows 7 como lo hacía Tom Cruise en la película Minority Report. Desde que vimos esa peli, seguro que todos nos hemos imaginado el día en que esa tecnología sería realidad. Ahora Kinect lo ha logrado con ayuda de un equipo del MIT, que ha creado un sistema que detecta la posición de las palmas de las manos y de los diez dedos, ¿y qué se puede hacer?…de todo,  scroll de imágenes, seleccionarlas, agrandarlas o achicarlas y sin necesidad de guantes.

  • Es capaz de generar imágenes 3D del lugar en donde estamos: para ello basta concombinar varias cámaras Kinect convirtiendo el sistema Kinect en un escáner 3D. Hace un par de meses, Las Ramblas, en Barcelona, fue testigo de un curioso experimento. Gracias al uso de 3 sensores Kinect y al de una impresora en 3D, todo aquel que se prestara voluntario para posar, era escaneado por Kinect y posteriormente su figura se imprimía en 3D gracias a una impresora específica. El nombre de la campaña se llamó “Be your own souvenir”. La idea proviene de un grupo de a artistas digitales llamado blablaLab.
  • Permite detectar desórdenes mentales en niños pequeños: un grupo de investigadores de pertenecientes a la Escuela de Medicina de la Universidad de Minnesota, ha desarrollado un método que consiste en colocar varios dispositivos Kinect en distintos lugares de una habitación y dejar a los niños jugar libremente en ella, sin ningún tipo de intrusión por parte del personal médico, de manera que los niños se comportan de manera libre y natural. Las características de detección de movimiento y gestos de Kinect, que prescinden del uso de todo tipo de sensores de movimiento que podrían distraer a los niños, han permitido a los doctores detectar comportamiento que apuntan a la existencia de diversas anomalías, como desorden obsesivo-compulsivo o de déficit de atención.
  • Ha sido el cerebro de varios tipos de robots, campo en el que ha tenido una gran aceptación: desde robots que son capaces de reconocer el entorno, ubicarse en él, identificar humanos y responder a sus gestos, hasta robots diseñados para rescatar a víctimas de terremotos.

Con todos estos ejemplos podemos ver que Kinect es algo más que un periférico para jugar. Sus posibilidades y aplicaciones son muchas y muy variadas. Podemos decir que Kinect se ha convertido en la nueva mina de oro para todos los desarrolladores que quieren explotar sus capacidades.

Ante todo esto, sólo cabe preguntarnos cual es el verdadero futuro ¿las pantallas táctiles que tantos se empeñan en implementar en los diferentes dispositivos ó los gestos en el aire gracias a sistemas como Kinect? ¿qué creéis?.

A %d blogueros les gusta esto: